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Biografía de diseño

Si le haces una pregunta a Bill Stumpf ya puedes abrocharte
el cinturón. Es probable que te lleve a viajar
por el mundo, aterrizando aquí y allá,
comentando sobre esto y aquello, haciéndote olvidar
dónde comenzó el viaje, y preguntarte
dónde y cuándo terminará.
A Stumpf le gusta la espontaneidad. Le encanta no saber
dónde va a terminar. Confía en sus instintos.
'El diseño debe ser como el jazz,' dice, 'improvisación
y descubrimiento, mezcla del placer y sufrimiento de
la vida para lograr algo maravilloso.'
Cuando mira a su alrededor, sin embargo, a menudo ve
diseños que 'niegan el espíritu humano,'
arquitectura que reconoce la importancia del dinero,
no de las personas 'herméticamente cerradas en
espacios artificiales.' La suya es una constante batalla
contra tales indignidades de diseño, y lleva
20 años colaborando con Herman Miller en esa
batalla.
La batalla de Stumpf comenzó en los años
60. 'Todo tiene su origen en aquellos tiempos en la
Universidad de Wisconsin,' dice, refiriéndose
a sus años de posgraduado estudiando y enseñando
en el centro de diseño de la universidad, Environmental
Design Center. 'Trabajábamos para liberar el
cuerpo humano, para eliminar las trabas.'
Fue allí donde Stumpf, colaborando con especialistas
en ortopedia y medicina cardiovascular, realizó
amplios estudios sobre modos de sentarse y su posible
mejora. En 1974 Herman Miller le encargó que
aplicara sus investigaciones a la sillería de
oficina. Dos años más tarde, se lanzó
al mercado la silla Ergon.
'Trabajo mejor cuando me presionan hasta el límite,'
dice, 'cuando llego a un punto en que mi orgullo está
herido, cuando recupero la inocencia. Herman Miller
sabe presionarme de ese modo, porque la compañía
todavía cree – años después
de que me lo dijera D.J. DePree – que el buen
diseño no es sólo bueno para los negocios,
es también una obligación ética.
Y eso realmente me obliga a esforzarme.'
Stumpf sabe también marcarse objetivos que le
obligan al esfuerzo. Ha empezado una aventura que espera
continuar durante el resto de su vida, leyendo los clásicos
de la literatura universal, desde Shakespeare y Melville
hasta los novelistas japoneses.
En un estado constante de curiosidad casi infantil,
Bill Stumpf continúa sus viajes de aventura.
Y si uno tiene tiempo – y una mente abierta –
está siempre encantado de compartir sus descubrimientos.
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